viernes, 6 de enero de 2012

El Museo Soumaya


Por Victor Manuel Gutiérrez Sánchez,  Arquitecto.

Fotografías: Irma Jasso Rivera y Victor M. Gutiérrez Sánchez
twitter @intersticio74

El presente artículo pretende hacer una reflexión en torno al Museo Soumaya, no obstante lo mucho que se ha dicho ya sobre esta obra del despacho FREE, dirigida por el joven arquitecto Fernando Romero, yerno del magnate Carlos Slim, quien financia la obra y aporta la colección de obras de arte que ahí se exhiben.
Sin duda que el autor del Museo Soumaya, Fernando Romero es un talentoso arquitecto, además de un experto en relaciones públicas, quien desde su época como estudiante destacó en la arquitectura y la política, ya que fue líder estudiantil en la Universidad Iberoamericana en la Ciudad de México. Además trabajó en el despacho internacionalmente reconocido de Rem Koolhaas en Holanda.
El edificio está ubicado como un hito urbano en la exclusiva zona de Polanco, al poniente de la Ciudad de México, el edificio se erige arrogante en una zona de edificios de cristal que regeneran una antigua zona industrial de la década de 1940 y que hoy se ha convertido en una zona de altísima plusvalía gracias a la especulación inmobiliaria y a espacios como el exclusivo centro comercial Plaza Carso, propiedad del mismo consorcio que patrocina al Soumaya.
El programa consiste en seis plantas interconectadas por una gran rampa perimetral y un núcleo central de elevadores, que reparten hacia igual número de salas de exhibición permanente y temporal, además de servicios de apoyo como un aula interactiva y multimedia Telmex, espacios recreativos flexibles, una biblioteca, tienda, restaurante y cafetería, salón principal, áreas de almacenamiento y de servicios generales, oficinas y espacio de estacionamiento (sólo para staff).
Evidentemente, lo más notable del espacio es su concepción arquitectónica exterior, la cual consiste en un estilizado giro estructural que lo destaca en el contexto urbano, y lo constituye en una codiciada pieza de autor, que bien podría calificarse como la joya arquitectónica de Carlos Slim, como la maqueta de plata realizada por BVLGARI, que se exhibe en el mismo museo.
De acuerdo con la página de FREE, el Museo Soumaya en sus primeros cinco meses superó los 400 mil visitantes, incluyendo la visita de celebridades como Bono -el vocalista de la banda irlandesa U2-, además de que el espacio ha servido de escenario a campañas publicitarias tan exclusivas como la de New Saks Fifth Avenue y de que el edificio ha sido reconocido como una de las obras más destacadas a nivel mundial en el World Architecture Festival celebrado en Barcelona en Noviembre 2011.
No obstante, cuando uno recorre el museo, se siente en la sala de un nuevo rico, debido a la falta de uniformidad museográfica, a la enorme cantidad de espacio desperdiciado y a la gran cantidad de guaruras que resguardan el espacio. En el interior uno puede apreciar objetos tan disímbolos como muebles antiguos, esculturas de Auguste Rodin, arte sacro, filatelia y numismática, lo cual contrasta enormemente con la expectativa que una obra contemporánea inspira al que visita el Soumaya. Aunque la entrada es libre –un acierto dentro de las políticas de difusión cultural, hay que reconocerlo-, el visitante generalmente siente que se le ha quedado a deber algo, por toda la publicidad que ha recibido el museo y por lo mucho que promete desde afuera.
No quiero unirme al lugar común que critica a esta obra por el derroche de recursos que fueron necesarios para erigirlo en una época difícil para la economía y la sociedad de nuestro país. En cambio quisiera dirigir la atención a la congruencia entre un interior poco pensado, con un exterior ostentoso, que ofrece una apariencia de primer mundo y que en su interior nos recuerda que el buen gusto es de las pocas cosas que el dinero no puede comprar.

Fuentes de información:
FREE Fernando Romero www.fr-ee.org
Museo Soumaya www.soumaya.com.mx

3 comentarios:

  1. De cuando los proyectos terminan en la hipótesis formal. Este edificio debería ser un ejemplo de cómo no hacer un proyecto ejecutivo... Junto con otro montón de obras de relumbrón que ya no particulares, sino autoridades, se dedican a inaugurar. Con que se vean bien para el corte del listón, jalan.

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  2. Buena mirada sobre un proyecto que desde su concepcion estaba destinado a ser escandaloso.
    Se nota la buena intencion de Romero, se nota lo que le aprendio a Koolhaas, se nota el presupuesto holgado, pero todo esto se nota solo en el exterior.
    Me parece que no hay relacion entre lo que nos vende el empaque y lo que encontramos dentro de el, mas alla de la falta de museografia, de la sala principal que (en mi visita express) parecia como venta de garage de esculturas, el problema creo, radica en la falta de mesura, (parafraseando al autor del articulo), se nota la calidad tan caracteristicamente mexicana. Y ya ni hablemos de la falta de integracion urbana.
    No quiero caer en ese tan comun lugar comun pero me parece que el proyecto al final le quedo grande a Romero, le gano la expectativa y quiso encender todos los motores en una obra que pedia ir despacio.
    (les debo los acentos)

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  3. Fernando Romero retwitió mi artículo! ahora si como dice el Rubas, no voy a lavar mi bandeja de twitter en un mes.

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